Dicotomia in Blue

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El beso de ojos verdes

Posted by Duncan on May 10, 2011 at 8:43 AM


EL BESO DE OJOS VERDES

Me llamo Julia y siendo enfermera de la planta de geriatría, el señor Juan, un paciente, me pidió que escribiera esta historia tal y como él me la relató.   

“Por el año 1979, me disponía a viajar en autobús desde Valencia a la ciudad de Cartagena, donde encontré trabajo en una agencia portuaria. Empezaba para mí una nueva vida; tenía por aquel entonces 26 años.

Estando ya en mí asiento, con el autobús repleto de gente esperando al chofer que nos llevaría a nuestro destino, vi subir a una pequeña de apenas 8 años, de pelo castaño, largo y rizado. Subió sola y se puso frente a uno de los viajeros, por lo que supuse que sería su abuelo. Sin mediar palabra besó al anciano en la mejilla y fue pasando por todos y cada uno de los sorprendidos viajeros dándoles un beso.

Cuando llegó mí turno, se me quedó mirando con los ojos verdes más brillantes que yo hubiera visto jamás. Me incliné para darle un beso como los demás pero ella se apartó provocando la risa de todos los del autobús que estaban pendientes de las acciones de la pequeña.

Me ruboricé un poco, me acomodé turbado en mi asiento intentando que no se notase, simulando para ello una sonrisa. La pequeña siguió besando al resto de pasajeros hasta que llegó a dos reclutas sentados al final del autobús; besó a uno de ellos dejando al otro que parecía dormido, y entre los murmullos y sonrisas de los pasajeros, se bajó del autobús. Miré por la ventanilla y vi como se sentaba sola en un banco, con esos ojos verdes clavados en mí.

Sin apartar la mirada, parecía perdida, como si quisiera decirme algo. Como el chofer aún no había llegado, me decidí a bajar. Me arrodillé frente a ella y le pregunté: ¿Qué te pasa?, ¿estás perdida?, ¿donde están tus padres? Ella siguió mirándome y únicamente, sonrió. El ruido de un motor hizo que me diera la vuelta y viera como mi autobús salía del parking. ¡Maldita sea!, exclamé. Corrí tras el autobús gritando, pero de nada sirvió, lo había perdido. Cuando me giré para volver hacia la pequeña, ésta había desaparecido, igual que mi autobús.

Dos días después, ya en Cartagena, oí que el autobús había sufrido un accidente y habían muerto todos sus ocupantes a excepción de un recluta de marina que quedó muy mal herido. Di un soplo, alegrándome de mi suerte sin relacionar en aquel momento a la pequeña de ojos verdes.

No hasta esta tarde, cuando entró en mi habitación. Estaba tal y como recordaba haberla visto hacía 30 años. Subió a mi cama y el brillo de sus ojos verdes me hizo estremecer.

Esta vez si me besó, con el beso más dulce que he recibido jamás. No era un beso de despedida, más bien de bienvenida, y comprendí que me esperaba un nuevo viaje: no sé dónde voy, pero quiero ir ya.”.

El señor   Juan falleció esa misma noche, con una sonrisa dibujada en su rostro. He guardado este relato durante 42 años y hoy añado estas líneas. Sé que el señor Juan cuando murió no acabo el viaje sino que empezó uno nuevo. Lo sé porque lo siento de igual manera, su niña de ojos verdes me ha besado hoy también a mí.

Tony Ramos

 


Categories: Dejame que te cuente, Poesia, Literatura y otras Yerbas

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